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Gary Medel pide autocrítica en la UC: "Hay que mejorar de forma individual y demostrar que estamos en Católica"
Un golpe de realidad y un llamado directo desde el vestuario
Universidad Católica quedó fuera de dos torneos en pocas semanas y el referente más escuchado del plantel decidió hablar sin rodeos. “Es un momento complejo, difícil”, reconoció, con la voz de quien entiende el peso del escudo. La eliminación de la Copa Chile y la salida de la Copa Sudamericana dejaron al equipo con un solo frente inmediato y con la obligación de recomponerse rápido. Ahí apareció la figura del capitán de mil batallas para poner el foco donde más duele: en la responsabilidad de cada uno.
“Todos tenemos que remar para el mismo lado: hinchas, dirigentes y jugadores. Los que estamos en la cancha debemos dar un poco más”, fue el mensaje que resonó puertas adentro y hacia afuera. No hubo excusas ni desvíos. La idea que empuja el plantel es clara: subir el estándar, competir cada balón como si fuera el último y sostener un nivel acorde a un club que, por historia reciente, está acostumbrado a pelear arriba, no a mirar de reojo la tabla.
El retorno del ídolo en enero de 2025 no fue un gesto simbólico: fue una apuesta deportiva y emocional. El propio presidente Juan Tagle lo dijo al presentarlo: era un honor recuperar a un jugador que le dio tanto a la UC y a la Roja. Por eso su voz pesa. Tras años de carrera en ligas de alto voltaje, desde Boca Juniors y Sevilla hasta Inter, Besiktas, Bologna y Vasco da Gama, su mirada combina calle y pizarra. Y cuando el equipo tropieza, él no esconde la cara.
La autocrítica de Medel se amarra a una frase que marcó la semana en San Carlos: “Hay que mejorar de forma individual y demostrar que estamos en Católica”. ¿Qué quiere decir con eso? Que el escudo obliga a competir por encima de la media en cada entrenamiento y en cada fecha; que la camiseta no se sostiene sola y que el rendimiento personal es la primera palanca para que el funcionamiento colectivo se ordene.
- Reforzar la intensidad y la concentración desde lo individual.
- Respaldar la idea del cuerpo técnico con ejecución simple y efectiva.
- Tender puentes entre hinchada, directorio y plantel para blindar el proceso.
- Hacer del nuevo estadio un factor competitivo, no solo emotivo.
En ese tono, el referente recordó un partido bravo fuera de casa, ante Cobresal, con el sabor amargo aún fresco por la caída en Copa Chile. “No era fácil, pero lo dimos vuelta desde el compañerismo y el trabajo”, resumió. El punto rescatado sirvió más como señal anímica que como trofeo: cuando el equipo se parte por dentro, cualquier gesto de resiliencia vale el doble.

Nuevo estadio, idea simple y el peso de la camiseta
El cambio de casa también cruzó el discurso. La UC se mudó al Claro Arena y el estreno del coliseo renovado fue una inyección de ilusión para el hincha. Medel lo vive como los que crecieron en esa tribuna: “Me hace feliz jugar ahí y quiero darle alegrías a la gente”. La cancha nueva no arregla sola los partidos, pero sí puede empujar desde la atmósfera, el ruido y la cercanía. La clave es que la energía no se convierta en ansiedad cuando la pelota rueda.
Hay otro punto que el mediocampista subrayó: la sencillez táctica. El plantel habla de una propuesta sin adornos, que prioriza el orden, la intensidad y las distancias cortas. No hay fórmulas mágicas cuando los resultados aprietan; hay ejecución. “Mantener buenas sensaciones pese a los golpes” es el resumen que sale del camarín, con una meta concreta: sostener un nivel competitivo que esté a la altura de una institución que se hizo fuerte con continuidad, no con chispazos.
La memoria reciente ayuda a entender el listón. Católica sostuvo un ciclo ganador con regularidad, disciplina y una identidad clara. Ese estándar se volvió la vara con la que se miden los presentes. Por eso las eliminaciones duelen: tocan el orgullo y desordenan el calendario. En lo inmediato, el torneo local queda como el escenario para recuperar ritmo, automatismos y confianza. No es poca cosa. Cuando el margen es estrecho, cada semana es una oportunidad y un examen.
El liderazgo del “Pitbull” se nota en dos carriles. En la cancha, ordena, grita y corrige. Fuera de ella, empuja la competencia interna y cobija a los más jóvenes. Esa mezcla de exigencia y respaldo es lo que piden los procesos que atraviesan momentos tensos. El grupo lo sabe: si sube la vara individual, aparece el pase más limpio, el cierre más a tiempo, la lectura más rápida. Y con eso, el equipo respira.
El plantel no mira el retrovisor por capricho, sino para ajustar. La Sudamericana quedó atrás y la Copa Chile también. Lo que viene no admite cuentas largas: sumar, encadenar actuaciones sólidas y exprimir el calendario. En ese marco, el cuerpo técnico reforzó la idea de “hacer lo simple bien”: menos error no forzado, mejor ocupación de espacios y una presión que se active con sentido, no por inercia. Suena básico, pero ahí se explica gran parte de la continuidad de rendimiento.
En el nuevo estadio, la conexión con la gente puede ser un diferencial. Los equipos que hacen de local con identidad intensa suelen ganar metros sin tocar la pelota: el rival lo siente. La UC tiene ese recurso a mano y un líder que conoce el pulso del hincha. No es casual que Medel haya hablado de “dar alegrías” más que de prometer resultados. La alegría, en el fútbol, llega por rendimiento; los resultados son la consecuencia más visible.
El contexto también importa. La temporada exige ajustes finos: gestionar cargas, convivir con lesiones menores y sostener la competencia sana por el puesto. Ahí aparece el valor de los nombres con rodaje internacional: leen temprano los momentos, apagan incendios y evitan que la mala racha se haga costumbre. Esa es la apuesta implícita de traer de vuelta a Gary Medel: sumar jerarquía práctica, no solo simbólica.
Desde la dirigencia, el discurso sintoniza con esa línea: apoyo al proceso y exigencia medida por rendimiento. No es tiempo de cambios impulsivos, sino de decisiones quirúrgicas. El mercado ofrecerá ventanas, pero el salto inmediato no pasa por fichajes, sino por recuperar lo mejor de la base. Con el torneo en curso, un equipo con la columna vertebral clara y roles definidos suele crecer más rápido que uno que improvisa cada fin de semana.
¿Qué espera el hincha? Coherencia entre palabras y cancha. Ver a la UC agresiva en la presión, corta en defensa, con un mediocampo que gire sin perder la pelota y los de arriba conectando a dos toques. Piezas hay, y experiencia también. Lo que faltaba, según marcó el propio vestuario, era autoestima competitiva: creer, empujar y sostenerlo en el tiempo.
El mensaje final de Medel no fue una frase bonita, fue una hoja de ruta. Si cada uno ajusta lo propio, si la pizarra se respeta con rigor y el Claro Arena se transforma en un aliado de verdad, Católica volverá a pelear donde debe. Y si algo demostró la historia reciente del club es que cuando encuentra su tono, no necesita fuegos artificiales: le alcanza con orden, carácter y una idea repetida hasta que sale de memoria.
Escrito por Javiera Urzúa
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